"A mí no se me ocurría nada y ello volvió mi respuesta aún más rabiosa: -Cada vez que pienso en ella, víctima desde hace cuatro años de la más infame injusticia, me dan ganas de agarrar al Zerualí por el pescuezo y de ahogarlo, y lo mismo a su cómplice, el jeque de los leprosos. Uní el gesto a la palabra. A Harún no pareció impresionado en absoluto: -¡Esa piedra tuya es demasiado grande! Yo no lo comprendía. Repitió con un asomo de impaciencia en la voz: -Te digo que esa piedra tuya es demasiado grande, muy, muy grande. Cuando estoy en ha calle con otros mozos, veo con frecuencia a gente que grita, se insulta y provoca una aglomeración. A veces, alguien coge una piedra. Si es del tamaño de una ciruela o de una pera, hay que sujetarle ha mano a ese hombre, pues corre el riesgo de malherir a su adversario. Si coge, en cambio, una piedra del tamaño de una sandía, podemos irnos tranquilos pues ese hombre no tiene la menor intención de tirarla; sólo necesita sentir un p...