En el nombre de...

Muchos, quizá Borges más que nadie, insistían en que el nombre de la cosa, era la cosa.
Tambien creo que las palabras encierran, acotan, reducen, definen y dan forma y sustancia al mundo que sentimos.

Pero hacen todo eso en el reducido mundo de nuestras mentes. Nuestras pequeñas, cerradas, privadas y ajustadas mentes.
Cada palabra tiene un valor diferente para cada uno de nosotros, y al transmitirlo es como si cambiaramos dinero de nuestro país, por el de otro. No tiene el mismo valor, su significado cambia, a veces profundamente.

Nuestros sentidos tambien traducen, y lo que creemos ver en el otro, nos hace dudar de quienes somos. Por eso es preocupante y necesario vernos en los demás. No para saber que opinan, sino para saber quienes somos.

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